
Ingresé junto con una chica de cabellos azules y falda de tul color rosa, en el interior ya habían otras tantas, algunas maquillándose, otras llorando por la infidelidad de la noche, las demás vomitando, todas en algo distinto, pero con algo en común, ¡todas mujeres!, de peinados raros, de ropas extrañas, de aros en el rostro, de labios rojos, pero mujeres al fin y al cabo…
Sonaba “Your bones got a little machine!!…”, por supuesto que entonada por los grandiosos Pixies, cuando entré al cubículo que me correspondía, claro! no por que era de mi pertenencia, si no por mi lugar ocupado en la gigantesca fila…
Mi compañera del baño de al lado ingresaba al compartimiento de 2x2 también. Al parecer no tenía pestillo, bueno… que más se puede pedir en un bar del circuito underground, no por el hecho de ser frecuentado por los amantes de la movida alterna y extravagante, sino porque simplemente en esos detalles está su esencia, ¡siempre tan ajenos a lo habitual!…
Mi nueva vecina no podía lograr mantener la puerta cerrada, intuí que era producto de los tragos de más que su cuerpo cargaba… Sacó un pucho y lo encendió, expiró y lloró por unos largos 5 minutos, los sonidos que emanaban de su cubículo la delataban cuando preguntó mi nombre, y por supuesto yo el de ella, ¿querís un cigarro?, ¡no gracias, no fumo! Le respondí…
¡Traté de matarme! ¡pero no resultó! ¿Cachay la historia de Cobain? jajaja…. ¡Esa es la historia de mi vida! Siempre llena de excesos, ¡obviooo! De sexo, drogas y rock and roll!! Aunque de más drogas, que de sexo y rock, Yeahhh!!
Yo no podía moverme, no sabía que decir, ya habían concluido mis minutos en el W.C. las demás comenzaban a abuchearme, ¡cómo no! si llevaba más del tiempo habitual en su interior, esta nueva vecina al parecer me necesitaba, quería hablar, desahogarse y yo no podía abandonarla… ¡Sí! Era una desconocida, pero solo porque no conocía su rostro, su historia ya era parte de mi vida… Conversamos durante una hora, las demás ya se habían resignado, ni los gritos podían sacarnos de nuestros baños amigos...
Cambiamos de tema una y otra vez, al parecer, el sentido de nuestras primeras palabras había quedado en el pasado. Me contó de su familia, de su amor por la medicina, de su viaje a Machu Pichu, de su fascinación por Madonna y de su envidia por mis zapatos nuevos.
¡Amo tus zapatos con cinta rosa! y salió de su cubículo, pero salió, para no volver…
