
Tener amigos/as que te presenten a sus mejores amigos/as es algo común, lo que no lo es, o talvez sí, pero que no ocurre con mucha frecuencia, es transformarte en amiga de ese mejor amigo/a de tu amiga y llegar a entablar una relación de "mejores amigos".
Generalmente, todo queda reducido a una conversación sobre lo que él/ella hace, lo que nos gustaría hacer y bla bla bla, todo acompañado de un apetitoso café, al que después de unas horas se podrían sumar otros, claro, si existe un gran empatía como para hacerlo...
Así me sucedió durante mucho tiempo, llegué a conocer a una cantidad considerable de mejores amigos/as de mis grandes amigos/as, bailé, reí y compartí con varios de ellos/as.
Hasta que conocí a Miguel, no sabía si dar su nombre, ni siquiera imagina que hoy escribo sobre él, talvez debería haberle consultado, pero nuestra historia es de esas que no pueden esperar en ser contadas.
Nos conocimos hace dos años aproximadamente y de manera no muy planificada, simplemente él accedió a ser nuestro entrevistado -porque yo estudiaba junto a "nuestra mejor amiga" en común- para una nota de la universidad en donde él nos contaría detalles de su vida y del proceso que le tocó vivir. En esta historia no me interesa dar detalles respecto de aquello, sino que solo exponer lo increíble, placentero y reconfortante que es llegar a conocer a alguien del sexo opuesto tan parecido a ti...
Nuestra amistad surgió de la nada, cada vez que nos encontrábamos teníamos más y más temas en común y llegamos al punto en que ya "nuestra mejor amiga" en común Viviana, no era el nexo para poder reunirnos, sino que bastaba con digitar un simple número telefónico y cada uno ya estaba para el otro. Para ser fiel partner de carrete, para seguir tomando un rico café, para prestarnos nuestros oídos frente a las desdichadas situaciones que nos colocaba la vida, pero sobre todo el amor, o simplemente para hacernos cariño en el pelo cuando no veíamos el sol.
De esta forma, nos convertimos en casi inseparables, salvo por la distancia de nuestros hogares y largos tiempos dedicados a nuestros trabajos, estudios y por supuesto a nuestros otros amigos, que por cierto no eran en común. Esta situación se remediaba el fin de semana cuando nos juntábamos para contarnos cómo había estado la semana y por supuesto para producirnos y salir de parranda al lugar de nombre dulce que nos brindó grandes pistas para exponer nuestros dotes de super bailarines y románticos conquistadores. Debo agradecer que nunca tuvimos los mismos gustos, porque de haber sido así, de seguro me los hubiese quitado a todos, es tan mino!! además, por suerte!! a mí nunca me gustó a alguna conquista de él, asi que solo nos potenciábamos en nuestra alocada y sorpresiva proeza de fin de semana, nunca imaginábamos que nos depararía el destino y mucho menos quién nos quitaría el sueño durante esa velada...
Generalmente, todo queda reducido a una conversación sobre lo que él/ella hace, lo que nos gustaría hacer y bla bla bla, todo acompañado de un apetitoso café, al que después de unas horas se podrían sumar otros, claro, si existe un gran empatía como para hacerlo...
Así me sucedió durante mucho tiempo, llegué a conocer a una cantidad considerable de mejores amigos/as de mis grandes amigos/as, bailé, reí y compartí con varios de ellos/as.
Hasta que conocí a Miguel, no sabía si dar su nombre, ni siquiera imagina que hoy escribo sobre él, talvez debería haberle consultado, pero nuestra historia es de esas que no pueden esperar en ser contadas.
Nos conocimos hace dos años aproximadamente y de manera no muy planificada, simplemente él accedió a ser nuestro entrevistado -porque yo estudiaba junto a "nuestra mejor amiga" en común- para una nota de la universidad en donde él nos contaría detalles de su vida y del proceso que le tocó vivir. En esta historia no me interesa dar detalles respecto de aquello, sino que solo exponer lo increíble, placentero y reconfortante que es llegar a conocer a alguien del sexo opuesto tan parecido a ti...
Nuestra amistad surgió de la nada, cada vez que nos encontrábamos teníamos más y más temas en común y llegamos al punto en que ya "nuestra mejor amiga" en común Viviana, no era el nexo para poder reunirnos, sino que bastaba con digitar un simple número telefónico y cada uno ya estaba para el otro. Para ser fiel partner de carrete, para seguir tomando un rico café, para prestarnos nuestros oídos frente a las desdichadas situaciones que nos colocaba la vida, pero sobre todo el amor, o simplemente para hacernos cariño en el pelo cuando no veíamos el sol.
De esta forma, nos convertimos en casi inseparables, salvo por la distancia de nuestros hogares y largos tiempos dedicados a nuestros trabajos, estudios y por supuesto a nuestros otros amigos, que por cierto no eran en común. Esta situación se remediaba el fin de semana cuando nos juntábamos para contarnos cómo había estado la semana y por supuesto para producirnos y salir de parranda al lugar de nombre dulce que nos brindó grandes pistas para exponer nuestros dotes de super bailarines y románticos conquistadores. Debo agradecer que nunca tuvimos los mismos gustos, porque de haber sido así, de seguro me los hubiese quitado a todos, es tan mino!! además, por suerte!! a mí nunca me gustó a alguna conquista de él, asi que solo nos potenciábamos en nuestra alocada y sorpresiva proeza de fin de semana, nunca imaginábamos que nos depararía el destino y mucho menos quién nos quitaría el sueño durante esa velada...
Así hemos pasado este tiempo, sacándonos el rollo mutuamente, no había mencionado que él es sicólogo, por lo que debo suponer que he sido analizada desde la cabeza a los pies, bueno y yo soy casi periodista, por lo que también lo he analizado descaradamente, claro desde mi visión, lo que sí aún no logro entender es ¿por qué es capaz de descubrir casi siempre lo que estoy pensando y yo lo que él?
Talvez una de las respuestas podría ser que somos demasiados parecidos, tanto!! que en varias oportunidades me han dicho que tenemos las mismas actitudes, gestos y palabras en común, que nos potenciamos a morir!, que somos locos, algunas veces masoquistas e histéricos, y eso es sumamente cierto...
Ayer hablé con él -de forma virtual- , lo sentí desbordante, acelerado y con muchas ansias de hablar y de contarme todo, todo, todo lo que ha hecho en este último tiempo y bueno, también con muchas ganas de escucharme diciendo: ¡nooooooooo!, ¡mueroooooo! o simplemente ¡te ves LO TOP! - esta frase desde hace un tiempo ha sido introducida en nuestra jerga diaria-... "Nuestra mejor amiga" en común está en Brasil, en un grato viaje de placer, por lo que sé que se siente muy solo.
De igual modo, intuyo que necesita mucho de mí -me lo ha dicho- y yo necesito más que nunca de él, de ese fiel compañero de noches frías e intensas, donde después de la juerga nos lanzábamos sin precaución en busca de ese completo con mostaza, que no era otra cosa más que producto del bajón... Extraño al amigo que tomaba mi mano para hacerme brillar en la pista de baile hasta lograr hacerme sentir la reina de la noche, requiero con urgencia al hombre que me ha contado su secreto más íntimo, a ese al que le he contado el mío también...
¿Pero qué puedo hacer? Si hoy me encuentro de regreso en mi hogar, a 3000 km de la capital, con lluvia corriendo por mi ventana y medias de lana que abrigan mis pies...
Para ti amigo...
